En pleno corazón de Madrid, en la Puerta del Sol, se alza uno de los símbolos más icónicos de la ciudad: El Oso y el Madroño. Miles de turistas y madrileños lo fotografían a diario, pero pocos conocen el secreto que esconde su nombre.

Aunque lo llamamos «oso», la realidad es que la escultura representa a una osa. ¿Por qué? En la heráldica medieval los animales solían representarse en femenino, como símbolo de fertilidad y abundancia. Por eso, la osa acompañada del madroño ha formado parte del escudo de Madrid durante siglos.
Una disputa medieval que marcó la historia
El origen de esta emblemática figura se remonta a una antigua pugna entre el Concejo de Madrid y la Iglesia por el control de los terrenos. Finalmente, el Concejo obtuvo los derechos sobre los bosques y la Iglesia sobre los pastos. Así nació el emblema de la ciudad: una osa que se alza sobre un madroño, árbol autóctono y de frutos rojos llamativos.
Una obra monumental
- Inaugurada en 1967, obra del escultor Antonio Navarro Santafé.
- Mide 4 metros de altura y pesa más de 20 toneladas.
- Originalmente estaba en otro punto de la Puerta del Sol, pero en 1986 se trasladó a su ubicación actual, junto a la calle de Alcalá.
Una tradición de buena suerte
Además de ser un icono cultural, la estatua guarda un toque de magia popular. Se dice que tocar la osa y el madroño trae buena suerte. Una costumbre que convierte la visita en un pequeño ritual para quienes pasan por la Puerta del Sol.
La próxima vez que recorras el centro de Madrid, detente frente a la estatua. Hazte una foto, toca la osa y pide un deseo. Quién sabe, quizá la buena fortuna madrileña te acompañe.